| América
Latina
Informe de Edgar C. Otálvora
***Compras bélicas
y ayuda a países amigos estaría
dañando imagen de Chávez
*** Venezuela pidió que Moscú le
venda más armas pero a crédito
*** El Consejo de Defensa Suramericano será
consultivo y no una alianza militar operativa
*** Lula convoca a cumbre continental sin EEUU.
Las compras de armas,
así como el envío de recursos a gobiernos
“amigos”, son dos temas que están
erosionando la imagen de Hugo Chávez dentro
de sus propios seguidores en Venezuela.
Esta semana el gobierno venezolano se mostró
particularmente sensible a la divulgación
de cifras de sus gastos en armamentos rusos. La
agencia Interfax (privada pero vinculada con el
gobierno ruso), distribuyó el sábado
19 de julio, un cable donde comentaba que la industria
militar rusa esperaba concertar ventas a Venezuela
hasta por US$ 30.000 millones en equipos que serían
entregados hasta el 2012. La cifra causó
escándalo en Venezuela porque representaba
un monto muy cercano al total de las actuales reservas
internacionales del país. La información
no fue desmentida por Caracas sino hasta la madrugada
moscovita del jueves 24 de julio, cuando ya con
Chávez en tierra rusa, Interfax repitió
la noticia y el supuesto monto de las nuevas compras
bélicas.
El gobierno
venezolano, que hasta ahora actuaba con jactancia
sobre sus compras militares a Rusia, emitió
un comunicado desmintiendo a Interfax. El canciller
venezolano, Nicolás Maduro, afirmó
en Madrid el viernes que Chávez había
sido “blanco de una inusitada maquinaria mediática
adversa que utilizó la mentira y la manipulación
de la realidad”, aunque se abstuvo de especificar
que lo que Caracas consideró “ataques”
fueron cables emitidos por la agencia rusa.
Diversas fuentes
aseguran que las nuevas compras de armamento ruso
por parte de Venezuela se enfrentan a dificultades.
El gobierno ruso, durante la estadía de Chávez
en Moscú, emitió un comunicado afirmando
que las ventas bélicas a Venezuela se realizan
“conforme a las obligaciones internacionales
y legislaciones de ambos países". Tanta
delicadeza hizo sospechar que Rusia habría
presentado quejas de carácter político
a la delegación venezolana. Las relaciones
de Miraflores con las Farc, al parecer, estarían
molestando hasta por los lados del Kremlin, según
analistas europeos consultados.
Incluso el anuncio de Chávez de su apoyo
a la presencia de una flota rusa en el Caribe, no
fue bien recibida a nivel oficial de Moscú.
Existe la percepción de que Chávez
se mueve en una lógica de confrontación
de bloques al estilo de la pasada “guerra
fría”, en la cual sólo creen
algunos sectores minoritarios del mudo político
militar ruso.
Rusia vende armas a Venezuela como lo hace a Colombia
y aspira hacerlo a Brasil. En ello existe un interés
comercial y no la definición de una alianza
estratégica como la pregonada por Chávez.
Otro punto de roce entre Caracas y Moscú
habría sido la solicitud de venta a crédito
que presentaron los negociadores venezolanos. El
precio de la nueva lista de compras bélicas
venezolanas a Rusia estaría en la creíble
cifra de entre 5 y 6 mil millones de dólares,
según la agencia Ria-Novosti.
El proyecto brasileño para conformar antes
de finales de año un Consejo de Defensa Suramericano
está andando con prisa inusual. En Santiago
de Chile se produjo la semana que termina, la segunda
reunión a nivel de representantes de los
doce países suramericanos que buscan llegar
a acuerdos sobre el carácter y las funciones
que cumpliría ese Consejo. Según información
oficial suministrada por la Cancillería chilena,
organismo que coordina las deliberaciones, los futuros
miembros habrían definido el CDS como un
“mecanismo de diálogo político
y cooperación en materias de defensa”.
Con ello, queda a un lado la propuesta de Hugo Chávez,
secundada por Bolivia, de que el CDS debía
funcionar como una alianza militar. No existe en
los gobiernos de los principales países suramericanos,
la menor intención de ceder la conducción
de sus fuerzas militares a un hipotético
organismo multinacional suregional.
La
Fuerza Aérea brasileña está
analizando las opciones para su próximo sistema
de aviones de combate. Oficialmente fueron preseleccionadas
seis empresas: las estadounidenses Boeing y Lockheed
Martin, la francesa Dassault, la empresa exportadora
rusa Rosoboronexport, la sueca Saab y el consocio
europeo Eurofighter.
Rusia y Francia han hecho amplias gestiones para
procurar ser los ganadores en la venta, en la cual
además de los componentes técnicos
estará de por medio los consabidos elementos
políticos.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ya
ofreció incluso la construcción en
territorio brasileño de parte de la flota
de aviones Rafale que pudiera ser adquirida por
Brasil. Los rusos habrían ido abriendo la
mano en los últimos meses en cuanto a los
“adicionales” que ofrecerían
a Brasil a cambio de la compra de sus Sukhoi. Esos
“adicionales” están relacionados
con el interés brasileño de unir transferencia
tecnológica a la compra de los nuevos aviones.
Además de armarse, el gobierno de Brasil
y sus empresarios del sector bélico desean
incrementar su catálogo de productos.
En el alto gobierno
brasileño (que no en los altos mandos militares)
existiría un rechazo abierto a la compra
de aviones de origen estadounidense. Se argumenta
en ese sentido el actual veto de Washington a las
ventas de equipos militares sensibles a Venezuela,
lo cual se ha reflejado en los problemas de Venezuela
para mantener su flota de aviones F-16, y las restricciones
a que están sometidas empresas de Brasil
y España imposibilitadas para venderle naves
militares a Caracas.
Pilotos de combate brasileños se encuentran
en EEUU para participar en los juegos de guerra
aérea Red Flag. Se trata de ejercicios en
los cuales tradicionalmente participaban los pilotos
venezolanos de aviones caza F-16. La última
ocasión en la cual Venezuela asistió
a Red Flag fue en 1996. La presencia de Brasil deja
en evidencia la proximidad y los puentes que los
militares brasileños mantienen con sus pares
estadounidenses.
Este año, además de Brasil, estarán
en Red Flag pilotos de India navegando en aviones
Sukhoi-30. Será una oportunidad para medir
las capacidades de los aviones rusos en condiciones
exigentes de combate simulado.
En
caso de Brasil orientarse hacia los aviones rusos,
el equipo en mente sería el Sukhoi Su-35.
En la lista de compras de Chávez a Rusia,
se encontraría una nueva veintena de aviones
de combate. Diversas versiones procedentes de Moscú
coinciden en que Venezuela estaría interesada
en adquirir el Su-35. La producción masiva
de Su-35 apenas comienza y la entrega sólo
sería posible a comienzos de la próxima
década.
La
diplomacia brasileña (civil y militar) anda
a toda máquina. Satisfecho con el logro de
crear UNASUR, Lula da Silva se propone convertirse
en el reactivador de la “integración
latinoamericana”, para lo cual está
convocando a una cita presidencial continental (sin
EEUU ni Canadá) para el próximo mes
de diciembre. |